sábado, 21 de abril de 2012

su muerte

El asesinato


El 6 de agosto de 1875 el Palacio de Carondelet en Quito fue escenario del asesinato del presidente Gabriel García Moreno.
El mandatario ingresaba a Palacio por la escalinata sur, luego de rezar en la vecina Catedral, cuando un grupo de conspiradores liberales apostados entre las columnas procedió a atacarlo a tiros y machetazos. El grupo estaba conformado por el colombiano Faustino Lemus Rayo, ex militar que había servido al Gobierno garciano y que lo atacó con salvaje saña con un machete, y los jóvenes intelectuales liberales Roberto Andrade, Manuel Cornejo, Abelardo Moncayo y Manuel Polanco, armados con pistolas.
El edecán Manuel Pallares, que lo acompañaba, no pudo protegerlo, y él mismo no tuvo tiempo de usar el revólver que siempre portaba. García Moreno cayó mal herido del atrio del Palacio hacía la Plaza, y falleció una hora después al pie de un altar de la vecina Catedral Metropolitana, cerca de las 13:30.
Una placa de piedra recuerda el lugar del crimen con la siguiente leyenda: "Dios no muere. Aquí cayó asesinado el presidente de la República, Dr. Gabriel García Moreno, el 6 de agosto de 1875". Llevaba en la mano un legajo de papeles y éstos quedaron ensangrentados tras el ataque. Los asesinos gritaban "libertad" y le acusaban de tirano. Mientras agonizaba se lo escucho clamar "Dios no muere".
Faustino Lemus Rayo intento escapar por la Plaza de la Independencia, pero cuatro soldados del cercano cuartel del Batallón Número 1, que se encontraba en los edificios que albergan al Centro Cultural Metropolitano de Quito en la actualidad, le dieron alcance y le hirieron con espadas. Lo arrestaron y lo conducían al cuartel cuando un cabo de raza negra, llamado Manuel López, le disparó con su fusil y lo mató.
Así lo relató un testigo presencial:
"Mariano Carrión, Sargento del batallón No. 1º. -refiere ... que Rayo enderezó para la pila (fuente de agua que estaba en el centro de la Plaza) a donde le siguieron el testigo, el sargento Rodríguez y el Teniente Buitrón, quien daba la orden de matarlo, por lo que el exponente le flechó el espadil, y a pocos pasos de pasada la pila, ambos sargentos le flecharon nuevamente los espadiles, y cayó en tierra el asesino Rayo; que después que le condujeron con dirección al cuartel, y casi en media plaza, les encontró el Capitán Barragán, quien tomó del brazo a Rayo, y lo llevó para la esquina de la botica (esquina de la plaza y la calle del cuartel, actuales calles García Moreno y Espejo), pasada ésta se presentó el cabo Manuel López y diciendo: "Abranse", le disparó un tiro de rifle con el que cayó el expresado Rayo".[2]
Uno de los implicados en el magnicidio, el escritor liberal Roberto Andrade, aseguró que el propio ministro de Guerra de García Moreno, el general Francisco Javier Salazar, fue cómplice del crimen, por lo que el Ejército no protegió al presidente y López asesinó a Rayo antes de que pudiera ser interrogado. Los soldados de Salazar llegaron a la Plaza solo a constatar la muerte del Presidente, y les tomaron fotos junto al cadáver. Los restos de Rayo fueron abandonados en la calle, frente a Palacio. Un cuñado de García Moreno, según Roberto Andrade, se encargó de profanarlos:
"Muerto ya, Rayo, apareció un cuñado de García Moreno llamado Ignacio Alcázar, se aproximó al cadáver de Rayo echando una nube de improperios, dióle puntillazos, sacó el revólver y disparó sobre el cadáver varios tiros. Desde entonces le han llamado en Quito el matamuertos. El y otros mandaron en seguida a sus domésticos arrastraran el cadáver de aquel valiente colombiano y lo arrojaran en (el cementerio de) S. Diego. Esto han llamado venganza del pueblo. Tales hechos no se ven sino cuando gobiernan esos hombres."[3]
Los otros conjurados fueron perseguidos por ocho años, pues el asesinato estaba penado con la muerte.
El propio general Salazar, quien se encontraba en su despacho en el Palacio de Gobierno, salió por una puerta lateral hacia el vecino cuartel, en donde detuvo a los soldados lo que facilitó la acción de los asesinos.
El general Salazar declaró sobre el día del crimen:
"Hallábame en el local del ministerio de guerra, tranquilamente ocupado de la redacción de uno de los proyectos que debía presentar al Congreso, cuando se oyó confusamente un tiro como por la plaza, al que siguieron a pocos momentos y en rápida sucesión otros y otros, que causaron cierto murmullo alarmante en la calle del cuartel. Sobresaltado con esto, dejo mi asiento, tomo mi bastón de estoque, única arma que tengo a la mano, salgo a la calle mencionada, oigo alboroto en la plaza, corro hacia ella, y apenas he dado unos doce pasos, resuenan las voces de "murió el presidente, mataron al Sr. García". Al instante se me ocurre la idea de que ese asesinato no podía ser sino el preliminar de un ataque al cuartel, o de una revolución de las tropas. Vuelvo, por lo mismo, sobre mis pasos, y voy a situarme en el punto probable de peligro: encuentro en la prevención soldados que tratan de salir en tropel armados de sus rifles; les ordeno que regresen al patio; y mando a los capitanes se pongan a la cabeza de sus compañías, y que los formen en batalla. Hecho esto con la rapidez del relámpago, anuncio a la tropa el feroz atentado que se acaba de cometer, y le exhorto a sostener con lealtad el orden constitucional y al representante de la República. Para probar el espíritu de los soldados, concluyo mi corta proclama con la voz de: Viva el Gobierno! El batallón repite estas palabras con entusiasmo. No vacilo entonces en mandar despejar hasta una cuadra en contorno los grupos de gente que se acercaban; éstos obedecen al instante y se retiran"[4]
Para los ideólogos del liberalismo ecuatoriano, como Juan Montalvo, el crimen fue un tiranicidio, justificado ante el gobierno despótico de García Moreno. Montalvo hizo varias alusiones a los tiranicios de la antigüedad, como el asesinato de Julio César, al comentar el fin del presidente conservador. De la misma manera se justificó Roberto Andrade, el más destacado intelectual y político que participó en el crimen. Pero tanto Montalvo cuanto Andrade parecían estar convencidos de que Salazar, que había conocido de la conspiración para matar al presidente con anticipación, no la detuvo para beneficiarse políticamente de ella.
"En las conversaciones íntimas que tuve después con nuestro preclaro Juan Montalvo, me manifestó que no tenía la menor duda de que el plan de Salazar fue hacer matar a García Moreno por mano de los jóvenes, y en seguida, con pretexto de vengar la muerte del Presidente, exterminarlos, haciendo aparecer de este modo méritos suficientes para adueñarse del poder. Felizmente sobrevino el levantamiento del 2 de Octubre obra espontánea del valiente pueblo quiteño, que dio en tierra con los proyectos criminales del consuetudinario servidor de todos los gobiernos anteriores."[5]
Salazar intentó quedarse con el poder, pero fue derrocado y salió al exilio pocos meses después. Manuel López llegó a ser coronel, y murió en 1883, en la puerta misma del Palacio, defendiendo al Gobierno de Ignacio Veintimilla.
Para los conservadores y el clero, en especial jesuita, se trató de un martirio cometido por enemigos de la religión católica y de la fe. Varios grupos religiosos lanzaron la idea de pedir su canonización a mediados del siglo XX, sin éxito.

Entierro y descubrimiento de sus restos

Al día siguiente, los restos embalsamados de García Moreno, vestido con su uniforme de general y luciendo la Banda Presidencial fueron expuestos en el altar mayor de la Catedral. El presidente asesinado lucía un bicornio con plumas blancas y varias condecoraciones en el pecho. Una foto de la época muestra los ojos hinchados y la boca entrecerrada del cadáver, sentado en una silla al pie de la cual se puede ver su espada. Antes de morir, el presidente había promulgado el Código Militar, que establece los detalles del funeral del presidente muerto en ejercicio. Probablemente se siguieron estas disposiciones en su funeral de Estado.
Luego del funeral, el clero católico escondió el cadáver de García Moreno en varias iglesias, desconociéndose el lugar de su entierro. Su corazón fue conservado en un urna, encontrada un siglo después en el convento de las madres del Buen Suceso.
El 18 de abril 1975, el clero permitió la exhumación del cuerpo, que fue encontrado en el Monasterio de Santa Catalina de Siena (Quito). Los jesuitas, que habían conservado parte de los huesos del cráneo del mandatario, los llevaron a la exhumación y estos encajaron perfectamente. Los restos, acompañados por documentos que certificaban su autenticidad, fueron traslados a la Catedral Metropolitana de Quito, en donde actualmente reposan, junto a los de Juan José Flores.
En 1922 Jacinto Lopez, miembro de la masoneria cubana, difundio el supuesto que Garcia Moreno había enviado a Faustino Rayo al Oriente para tener relaciones maritales con su esposa, pero los hechos muestran lo contrario: el presidente impidio que Rayo fuese al Oriente en 1871 por peticion de los misioneros de la amazonia (Cartas de Mons. Vicente Pástor y del P. Justo Perez, Archivo de los PP. Jesuitas, Quito. Pablo Herrera, Apuntes Biograficos, 90-91; Gomezjurado Tomo 7 Pags 454,458; "14 machetazos" Pag 79). En 1958 el hijo ilegítimo de Rayo, Manuel Antonio Rayo Carpio, se entera de la calumnia de adulterio de su madre y con indignacion repara el honor ultrajado de su inocente progenitora e hizo defensa de ella y todas sus palabras fueron grabadas en cinta magnetofonica y publicadas en el folleto: "En defensa de la verdad" 1958.
No se ha probado la filiación másonica de Rayo aunque si es comprobado que fue pagado por Luis Felipe Bueno y Jose Maria Estrada con aguardiente y una alta suma de dinero (Roberto Andrade "El Seis de Agosto": 106,109; Gomezjurado Tomo 7 pag.469)

 Consecuencias en el mundo de la literatura

En los primeros 10 años después de su muerte se escribieron más de 80 biografías sobre este personaje en el mundo, las que tratan sobre su administración y sus política. Uno de sus más enconados opositores fue el reconocido escritor liberal Juan Montalvo, quien estando exiliado y al conocer de su muerte exclamó: "Mi pluma lo mató". La escritora ecuatoriana Alicia Yánez Cossío escribió una polémica novela basada en la vida de García Moreno titulada, Sé que vienen a matarme, en la que retrata, desde su perspectiva muy liberal, a García Moreno. El libro de Yánez no tiene nada de original, pues simplemente reproduce la mayoría de tópicos sobre el mandatario, que fueron publicados por Benjamín Carrión en su obra "García Moreno, el santo del patíbulo".

 Referencias

 

1 comentario:

  1. esto es muy interesante sobre garcia moreno espero que lo lean

    ResponderEliminar